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Diciembre es un mes perdido
Estamos a fines de noviembre, prácticamente en diciembre. Y diciembre todos dicen que es un mes perdido, es el mes de las fiestas y sobre todo de los festejos. Hay fiestas y reuniones por donde quiera que uno vaya.
Se reúnen en el trabajo, con los amigos, con los que compartimos cursos, con los del club, con los de la Iglesia y con cuanta persona se nos ocurra. Tenemos que mirar la agenda o hacer realmente mucha memoria para ver si es que no se nos superpone algún festejo, y en última instancia decidir cuál es el nos es más grato asistir o con cuál es el que mayor grado de compromiso tenemos. De una u otra manera la sensación que tenemos respecto de este mes es que es un mes perdido. Las oficinas públicas, que generalmente están abarrotadas de trabajo, en estos momentos están abarrotadas de brindis y festejos.
Asumimos que diciembre es un mes perdido. Tal vez porque pensamos donde y como vamos a pasar las fiestas, y quiérase o no son a lo sumo cuatro días de fiestas, siempre y cuando no caiga sábado y domingo, que se reduce sensiblemente la cantidad, pero no la calidad y la sensación de que es un mes dedicado a hacer poco, lo mínimo, lo justo y necesario, porque todos, hasta los no creyentes están imbuidos del clima festivo que se instala desde los medios de comunicación y monotemáticamente te desarrolla día tras día.
También diciembre es un mes perdido porque comenzamos a pensar en forma firme en las vacaciones. En donde nos vamos a ir por lo menos una semanita. Eso es sin ponderar las salidas de fines de semana.
Casi estamos en condiciones de afirmar que enero y febrero son meses perdidos. Cualquier asunto serio lo postergamos para marzo. Noooo, ahora viene el verano y mejor lo vemos en marzo, suelen expresar los encargados de distintas áreas. Dejá que lo vemos después del quince de marzo, porque marzo, entre que todos vuelven de las vacaciones y se enchufan nuevamente en el trabajo es casi un mes perdido.
Está el colegio, me olvidaba! Es realmente un mes perdido porque entre que empiezan las calases y la adaptación, prácticamente te nos va también marzo. El mes en que realmente comienza todo seriamente es abril.
Si somos realistas todo se pone en marcha en forma contundente, después de pascuas. En marzo estamos esperando esa semanita tal vez para reponernos de las vacaciones o para poder soportar el duro comienzo del año.
Pero cuando realmente comienza todo es después de pascuas.
Comencé el relato expresando la realidad que nos indica Cronos, que era el dios del tiempo para los griegos, y es que estamos en mediados de noviembre. Se puede paralizar todo hasta abril? Podemos tener casi medio año ocioso y baldío? Es serio contemplar en nuestra planificación mental pensar que no pasa nada hasta después de Pascua?
Diego di Salvo, los lunes, cuando ingresaba a la facultad expresaba, ya es lunes, la semana está pedidla. Recuerdo la gracia queme causaba ese comentario, que estaba más vinculado a Rodolfo Zapata con su clásica canción “No vamo a trabajar” que nos la realidad argentina que hace que tengamos que hacerlo todos los días de Dios.
Pero quiénes tiene que trabajar todos los días? O si reformulamos la pregunta; ¿Quiénes son los que no tienen que trabajar?
Nos daremos cuenta que aquellos que pagan puntualmente la cuota del club de los perdedores, son los que siempre tienen una muy buena excusa para no hacer las cosas que tienen que hacer. Son los que se lamentan porque este país de mierda no les da las oportunidades que merecen tener. Tal vez sean los mismos que reniegan de su trabajo, y si seguimos preguntando también reniegan de sus parientes, de sus parejas, de sus padre y de la vida en general. Los que no planifican son los que realmente les es lo mismo comenzar a pensar qué es lo que harán en abril.
Las cosas que suceden por generación espontánea son aquellas vinculadas con el clima, con el azar y con la eventualidad fortuita y es muy poco serio aplicar estas variables a la planificación de nuestro trabajo. Es tan cuerdo como colocar dentro el presupuesto proyectado para el año que viene que nos vamos a sacar el premio del loto o la lotería. Las empresas serias no tienen un rubro en su presupuesto que se denomina azar. Si nos tomamos casi medio año para comenzar a trabajar seriamente, contemplemos la posibilidad seria de incluir dentro de nuestros ingresos el resultado de algún caballo o el casino.
En mi libro “Dios no existe o todo lo contrario” planteo la dificultad que tienen alguno en diferenciar casualidad de causalidad. Si pensamos que las vacaciones son unos determinados días y que las fiestas a lo sumo son cuatro, vamos a ser realmente responsables de nuestro futuro y lograremos crecer más allá de la coyuntura del país o del mundo. Podemos pensar distinto, respecto del trabajo, de la vida y sobre todo del futuro. Como decía el prócer de mayo, Castelli: “si ves al futuro dile que no venga”
Daniel Mongelli
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